En Ghana, ataúdes monumentales cuentan la historia personal de los difuntos
El músico ghanés Frederick Teiko Ofori pasó gran parte de su vida con una guitarra entre las manos, y cuando falleció en un accidente de tránsito su familia decidió que el instrumento debía acompañarlo en su viaje final. Por eso, su ataúd se construyó con la forma de una enorme guitarra.
El féretro llamó la atención en su funeral, el sábado en Adjen Kotoku Amoama, en las afueras de Acra.
Sin embargo, es algo normal en este país. En Ghana, especialmente entre las comunidades ga de los alrededores de la capital, los ataúdes "figurativos" o de "fantasía", como se les conoce, ofrecen despedidas ingeniosas y a la vez íntimas.
Los pescadores son enterrados en enormes peces o canoas del tamaño de una persona, los agricultores en vainas de cacao, los conductores son sepultados en coches y las figuras religiosas en Biblias.
Ofori dejó una joven familia que incluía, además de su esposa, a un bebé nacido apenas una semana antes del funeral, y un legado musical abruptamente truncado.
Pero incluso en la muerte, la guitarra siguió siendo parte de su identidad.
El enorme instrumento de madera que llevaba su cuerpo fue hecho por Daniel Oblie Mensah, conocido por el alegre apodo de "Hello", un veterano fabricante de ataúdes que lleva más de tres décadas convirtiendo las profesiones, pasiones y estatus de las personas en su última morada.
"Cada vez que alguien me encarga un ataúd relacionado con la profesión del difunto, me entusiasma", contó Mensah, de 54 años, a la AFP durante una entrevista.
"Me ayuda a honrar de verdad al difunto y a la familia".
La tradición moderna de los ataúdes escultóricos surgió entre los artesanos ga de los alrededores de Acra a mediados del siglo XX, inspirada en parte en las elaboradas formas de los palanquines utilizados por los jefes locales.
Hoy en día, estos objetos ocupan un nicho inusual dentro del arte contemporáneo: desaparecen rápidamente bajo tierra a pesar de un trabajo artesanal minucioso y muy cuidado.
Algunos acaban expuestos en museos, sin embargo, como un ataúd en forma de guitarra del artista ghanés Paa Joeis, prestado al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Samuel Commey Tetteh yacía vestido de blanco antes de que comenzara su funeral, mientras los visitantes saludaban a los ancianos en la casa familiar antes de acercarse al cuerpo del hombre conocido en toda la comunidad como "Teacher".
Tetteh, nacido en 1943, había dado clases en Paanor, en Ga Sur, a las afueras de la capital, durante más de medio siglo, según su familia.
El silencio de la madrugada acabó dando paso a una música atronadora a medida que llegaban los dolientes. Luego llegó el ataúd de Tetteh, en forma de un enorme bolígrafo.
De nuevo, se trataba de una obra de Mensah, y tomó unas dos semanas de trabajo.
En talleres de todo Acra, decenas de otras vidas esperan ser traducidas a la madera.
Algunos clientes llegan con una fotografía de lo que quieren exactamente. Otros simplemente describen la vida del difunto.
Luego, los artesanos dejan volar la imaginación.
Uno de los diseños más difíciles que recuerda el carpintero Lawrence Okoe Anang fue un cocodrilo, encargado hace más de una década para un sacerdote de la región ghanesa del río Volta.
Su padre hizo el ataúd, mientras que el joven Anang, que entonces aún aprendía el oficio para el que empezó a formarse a los 10 años, ayudaba en el taller.
Los ataúdes suelen costar en torno a 10.000 cedis ghaneses (900 dólares), explicó el hombre de 26 años, que ahora dirige el taller con su hermano menor.
Las piezas destinadas a exposiciones cuestan más, porque los artesanos utilizan materiales más duraderos, pensados para resistir décadas bajo las luces del museo.
El sector sigue dependiendo en gran medida de habilidades transmitidas de generación en generación, aunque ha cambiado considerablemente desde que las anteriores trabajaban con herramientas manuales.
Las herramientas modernas han acelerado la producción, el suministro de madera se ha vuelto más fiable y los encargos del extranjero para museos y coleccionistas han contribuido a expandir el oficio.
La capacidad de transformar madera corriente en un pez, un avión, una Biblia, una pluma o una guitarra plantea la cuestión de cómo llamar a quienes los fabrican: Anang se considera carpintero, fabricante de ataúdes y artista, todo en uno.
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